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¡ADIÓS INSULTADORES!

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¡ADIÓS INSULTADORES!

(Por qué los bloqueo desde hoy, Oct. 3/11)

Por: Carlos Vera Rodríguez

 

Comprendía pero no compartía la necesidad de bloquear a los insultadores en twitter (no todos necesariamente son trolls).

A mucha gente molestaba la procacidad, reiteración y enajenación de sus comentarios. Para mí, aquello evidenciaba en cambio su debilidad, uniformidad y origen: carencia de razones (argumentos, tienen algunos); falta de originalidad en las respuestas (todos, variantes de la misma propaganda); y portavoces o eco de la tiranía, pagados o cegados (algunos, convencidos).

Los insultadores correistas y muchos simplemente escudados en el parapeto del socialismo del Siglo XXI para justificar sus resentimientos, atracos u ocupaciones, son variantes de un mismo molde y en esa medida, descubren las limitaciones del modelo que sustentan y el estilo del líder que reverencian. Porque no lo siguen; lo idolatran. Son, ante todo, fanáticos.

Pero aún así, incluso equivocados y renuentes a ver la inseguridad desatada por su modelo como la más dañina expresión de su fracaso, tenían y tienen pleno derecho a expresarse. Y no dejaban de hacerlo porque yo ejerciera el mío. Hasta que esa libertad la han empleado para castigar y coartar la libertad de otros.

 

LOGRARON CALLARLOS

 

Como conmigo no lo consiguieron, yo pensaba que con muchos tampoco podrían. A ellos han logrado callarlos en mi “timeline” y en el de muchos otros pensadores democráticos a costa de acosarlos, acusarlos, denostarlos, amenazarlos, ridiculizarlos y calumniarlos a tal grado, que miles de personas han decidido abstenerse de criticar al jefe de Estado ecuatoriano o a su gobierno. Han callado. Han suprimido su expresión, en aras de conservar su tranquilidad, su privacidad y su seguridad.

Otros, aparte de bloquearlos, optaron por recomendar a sus relacionados hacer lo mismo. Los previnieron. El resultado fue igual. El temor se fue masificando. La autocensura fue imponiéndose, todo por algunos cientos de insultadores que son absoluta minoría en twitter y aquí también, comparados con los 51 mil seguidores en esta cuenta. Revisé otras, de periodistas independientes o políticos opositores: igual resultado. Hablé con ellos: lo mismo. Y algo peor, muchos de ellos dejaron también de opinar de esos temas para no exponerse al leer 25 insultadores cada vez que revisan sus menciones hasta encontrar las conceptuales, de cualquier tipo, en su timeline. ¡Periodistas y críticos restringiéndose por una gavilla de vilipendiadores! No puede ser.

Otros bajaron su frecuencia o moderaron sus términos respecto al gobierno. O sea, se limitaron para que los cultores del semidios no se irriten. ¡Peor! No puede ser. Pero ocurre así.

Al no bloquear esos epítetos rastreros, me di cuenta que yo estaba haciéndoles el juego, alimentando esa impudicia al permitirles aparecer ante 51 mil seguidores, sin tener uno solo muchos de ellos, o seis, 45, 120 y 350 apenas. Y no es que una opinión valga principalmente por el número de seguidores, pero si tiene un valor su representatividad. Para colmo, muy pocos usan su verdadera identidad o su foto; son anónimos o lo más grave, falsos. Varios de ellos cacarean lo mismo a través de diversas cuentas creadas para escudarse y dar sensación de multiplicidad.

Cuando denunciamos cuentas falsas con @polificcion, comprendí que el fenómeno estaba logrando su objetivo, en parte, gracias a que yo les daba el mismo espacio y trato, que a quienes se jugaban su cara y su nombre aquí, o su opinión verdadera con un pseudónimo, lo cual –de paso- es una práctica y género válidos en el periodismo.

Injusto. ¡No puede ser! ¡No será más!

 

¿CAMBIÉ? SÍ

 

¿Por qué lo hice y lo soporté tanto tiempo? Porque jamás he suprimido la opinión contraria a mí en los 32 años de hacer periodismo. Pero entendí que bazofia no es opinión.

Porque, como les dije, la ignoraba. ¿De qué manera? Reconozco la mayoría de nombres o tan pronto empiezo a leer su frase, reconozco su bajeza. En otras ocasiones, simplemente me fijó en la palabra insultante y paso. No las leo; paso.

¡Ya no más! Al bloquearlos yo, no les impido expresarse. Solo no incorporo esa opinión en mi grupo. Son como las cartas al director: uno tiene la prerrogativa de escoger cuál publica, salvo las del ejercicio de legítima réplica. Y las noticias mismas: uno escoge cuál difunde, porque el espacio no da para todas y la importancia, menos.

Pretenden conseguir aquí el mismo efecto que lograron en mi facebook: era exclusivamente de apoyo a Carlos Vera, tras renunciar de Ecuavisa y lo convirtieron en rechazo a Carlos Vera, insultando e intimidando las 24 horas del día (se dedican solo a eso, por paga, obsesión y pocos convencidos de que soy el enemigo público #1 del modelo de su instigador). Lograron en pocos meses frenar a quienes opinaban allí y detener el crecimiento de ese grupo. En algunos casos: pasaban los datos a la SECOM, les intervenían teléfonos, malograban negocios. No se contentaban con el acoso mediático. La consigna era detener, no solo al mío, a cualquier grupo que quiera crecer en la oposición y consolidar su unión. No lo van a lograr aquí ni otra vez.

Saldrán sus insultos en otras cuentas, ya no más en la mía porque denigran, disuaden, agotan, restringen e intimidan a quienes opinan con legitimidad contra la tiranía.

 

NO ES CON TODOS

 

No deben preocuparse por lo tanto los críticos, enemigos, adversarios, opositores e incluso detractores de mi o mis ideas. Seguirán apareciendo aquí. Contribuyen al pluralismo, al debate y al contraste; a dilucidar entre la verdad y la mentira. Y a veces incluso, a pulir o hasta corregir una propuesta. Por eso, en varias ocasiones, cuando les he agradecido hasta a ellos su aporte, es en serio. No es pose o pretensión de indulgencia. Es realidad.

Desde hoy entonces los insultadores están bloqueados aquí.

Yo me acostumbré a soportarlos más de 3 décadas desde que empecé, en 1975 a combatir una dictadura militar, sin afectarme ni detenerme. Pero muchos seguidores aquí no tienen esa disciplina (esa coraza, dirían otros); no se han ganado –como yo- esa resistencia o rechazo ni merecen la basura diaria que a mí me servía para ratificar que no estaba en ella pero que a mis seguidores los enlodaba sin tener a la mano –como yo- esa manguera de bombero que se adquiere y fortalece en esta profesión. Quita con su chorro todo el fango ni bien uno la prende.

Mis seguidores no tienen por qué soportar ni enfrentar lo que ocasiono yo y me corresponde solo a mí. ¡No los voy a exponer más!

¡Adiós insultadores!

Última actualización el Lunes, 03 de Octubre de 2011 13:50  

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